Robert Fulghum: “Todo lo que necesito saber, lo aprendí en el kínder”

Por Juan Esteban Osorio

11 de noviembre de 2015
Imagen: Jared Enos

En los años 80 se puso de moda un texto de un pastor norteamericano que estuvo dos años en la lista de los best sellers: “Todo lo que necesito saber, lo aprendí en el kínder”. Suena espantosamente obvio. Pero no lo es. ¿Qué tiene que ver esto con deportes? En el siguiente artículo se  explicará.

Del jardín infantil y el fútbol

El texto en cuestión triunfa por su apabullante simpleza y lo efectivo de su discurso. Robert Fulghum sintetiza su texto con palabras tan sencillas como estas: “Todo lo que realmente necesito saber sobre cómo vivir y cómo ser, lo aprendí en la Escuela Infantil. La sabiduría no estaba en la cima de la montaña de los títulos académicos, sino en el montón de arena del patio. Estas son las cosas que yo aprendí Compartirlo todo. Jugar sin hacer trampas. No pegar a la gente. Poner las cosas en su sitio. Arreglar mis propios líos. No coger las cosas de otros. Decir “lo siento” cuando hiero a alguien. Lavarme las manos antes de comer. Tirar de la cadena. Las galletas y la leche son buenas. Vivir una vida equilibrada: aprender algo, pensar algo, dibujar, pintar, bailar, jugar y trabajar algo todos los días. Echarme la siesta cada tarde”. Y sigue.

Es capaz incluso de ampliar la circunferencia de sus consejos: “Coge cualquiera de estas normas y ponla en los sofisticados términos de los adultos y aplícala a la vida en tu familia o en tu trabajo, al gobierno o al mundo y seguirán siendo verdaderas, claras y firmes. Piensa que una sociedad mejor puede ser si todos nosotros, el mundo entero, tiene leche y galletas a las tres, todas las tardes y luego se echan la siesta con nosotros en las colchonetas. Y si todos los gobiernos tienen siempre como política básica colocar las cosas en su sitio y arreglar sus propios líos. Y comprobarás que continua siendo cierto, no importa cuál sea tu edad, que cuando sales al mundo, lo mejor es darse la mano y permanecer juntos.”

Ahora, esto sirve de marco para recordar lo que decía el monstruo francés de la literatura, Albert Camus.  Nacido en Argelia, premio nobel de literatura en 1957, autor de El Extranjero, entre otras obras, Camus fue un jugador de fútbol por encima del promedio en su adolescencia. Al parecer, sin mayores apasionamientos, los que lo vieron jugar opinaban que de no ser por una tuberculosis que lo tumbó en su juventud, el mundo habría perdido un escritor y Francia habría ganado un crack en las canchas.

Pero Camus que no era ningún ingenuo, también tuvo palabras elogiosas y reflexivas hacia el deporte. De hecho cuando le preguntaban su momento de mayor felicidad, apartaba la literatura y confesaba, como un niño: “EL momento en que la bola entra al arco”. Mucho antes que su colega norteamericano, trasladaba el aprendizaje a las canchas de fútbol: “Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

Los malos estudiantes

No quiere decir que para saber de la vida todos deban saltar a una cancha, pero sí que dentro de las grandes lecciones de la vida, pueden surgir de una práctica consciente y ética de un deporte, fútbol o cualquier otro.  Los cínicos alegarán que el fútbol es capaz de las mayores bajezas y los ejemplos más deleznables de comportamiento humano. Y tienen razón.

Pero los otros, dirán que el deporte y las situaciones extremas les han mostrado el otro lado. El que debería ser si todos siguieran las reglas. Siguiéramos.

Una página de un cínico, o al menos de un desencantado, Daniel Gascón, recoge algunos ejemplos de cuando Camus tristemente tenía razón. Cita algunos casos no muy publicitados de autogoles del fútbol, tiros libres en contra de la ética. Una alianza entre el Real Madrid y un equipo de Azerbayán, que los merengues quieren vender como una “asociación desinteresada y noble”. Y la misma página hace un enlace a los actos menos libertarios y loables que vienen de ese país. El Barca tampoco se queda atrás, cuando se alimenta del patrocinio de Qatar, otro país que no encabeza la lista de las naciones más amigas y respetuosas de los derechos humanos.

La lista es larga. Y vergonzosa. El periodista Ignacio Escolar se puso a hacer cuentas y descubrió que el monto total de lo que deben los equipos de primera y segunda en España (596 millones de euros), es la misma cifra que gastaría el gobierno español para financiar las becas Erasmus durante 33 años. O el mismo monto del gasto del CNIO, el centro de investigaciones contra el cáncer, de mayor relevancia en el país.

Ojo, que no todo es dinero. Va desde los pedidos de indulto al presidente del Sevilla acusado de malversar 3 millones de euros, hasta la política indulgente con los insultos xenófobos y racistas contra algunos jugadores  como Eto’o o Dani Alves, a veces, acciones reprochables provenientes de las mismas barras del equipo del jugador. Que venga alguien y explique eso, porque la lógica se fue a las duchas hace varios partidos.

El reseñista Gascón se abstuvo de mencionar casos sudamericanos como los tristes y olvidables que ostentamos en países como Colombia (amenazas y asesinatos de árbitros y jugadores por interponerse en la trayectoria de los poderosos); Brasil, las mordidas multimillonarias que dejó de herencia el mundial 2014; o Argentina, los acuerdos nauseabundos entre barras bravas y equipos oficiales.

Nuevamente una cita de Camus: “Aprendí pronto que una pelota no llega nunca del lado que uno espera. Esto me sirvió de lección sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no es sincera”.

Los buenos ejemplos

Y para llevarle la contraria un poco a los cínicos, que también es un buen deporte, estas son algunas citas rescatables de algunos deportistas reconocidos:

 “En algún lugar, más allá de la atleta en que te convertiste, y las horas de entrenamiento, y los entrenadores que te presionan, queda una niñita que se enamoró del juego y nunca miró para atrás… hay que jugar por ella”: Mia Hamm

“Nunca te rindas, nunca te confíes, y cuando vayamos ganando, tengamos la habilidad de manejar la victoria con la dignidad con la que encajamos la derrota”: Doug Williams

“La gente me pregunta qué hago en invierno cuando no hay temporada de béisbol. Ya les digo. Me quedo en la ventana mirando, y esperando que llegue la primavera”: Rogers Hornsby

“¿Saben qué es lo que más me gusta del juego? La oportunidad de jugar”: Mike Singletary

“Cuando ganes, no digas nada. Y cuando pierdas, di mucho menos”: Paul Brown

“Tu mayor oponente no es el otro. Es la naturaleza humana”: Bobby Knight

“Odié cada minuto que tuve que entrenar, pero siempre me decía: No lo dejes. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón”: Muhammad Ali

“Nunca pierdes hasta cuando dejas de intentar”: Mike Ditka

“Las medallas de oro no están hechas de oro. Están hechas de sudor, determinación, y un ingrediente difícil de encontrar, que se llama ‘cojones”: Dan Gable

“He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. Al menos 26 veces me han confiado el tiro decisivo que ganaba el partido, y he fallado. Me he equivocado una y otra vez, una y otra vez. Y es por eso es que he tenido éxito”: Michael Jordan.

“Nunca habrá otro Pelé. Mi padre y mi madre cerraron la fábrica y rompieron el molde. Soy único e irrepetible. Nací para el fútbol como Beethoven para la música”: Pelé

“A veces a uno le hacen goles tan bonitos, que dan ganas de celebrarlo con el que lo hizo”: René Higuita, portero.

“Si no pierdes, no puedes disfrutar las victorias”: Rafael Nadal.

“Mi madre piensa que soy el mejor. Y crecí para siempre creer lo que mi madre me decía”: Diego Maradona.

“Pierdes el 100% de los tiros que no haces”: Wayne Gretzky

“Un campeón tiene miedo de perder. Todos los demás tienen miedo de ganar”: Billie Jean King.

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