El Chorro de Quevedo, patrimonio nacional

Por Daniel Felipe Murcia N

12 de septiembre de 2016
Imagen: Daniel Felipe Murcia N

Muchos de los colombianos han tenido la oportunidad de transitar por una de las plazoletas más peculiares del país, el Chorro de Quevedo; ubicada en la calle 13 con carrera 2, fue alguna vez la guarnición militar de Gonzalo Jiménez de Quesada en 1538. El contenido histórico y cultural de este lugar se ve en todas las llamativas y asombrosas cosas que lo rodean, desde su fuente en el centro y la Ermita del Humilladero, hasta el arte alternativo que acompaña sus paredes. Entre estas calles empedradas está una parte importante del patrimonio nacional y la historia de la que ha sido testigo.

El Chorro de Quevedo es la perfecta combinación de un ambiente histórico y bohemio, con espacios de relajación de jóvenes y extranjeros que llegan allí con el objetivo de disfrutar de las artesanías, el teatro, los malabares, y la venta de chicha de colores. Este colorido hace parte de la rutina universitaria de los externadistas y día tras día, de sus vidas.

La historia que acompaña al Chorro de Quevedo

El Chorro de Quevedo es un lugar saciado de historia y magia oculta en cada uno de sus rincones y es concurrido diariamente por jóvenes universitarios en su mayoría, quienes ven en este espacio un pedazo interesante del patrimonio de su país; Los primeros datos históricos de este lugar dan cuenta de que era un escampado en la montaña donde el Zipa Muizca podía tener una visión amplia de la sabana bogotana, el lugar tenía claramente una posición estratégica; en ese lugar, años más tarde, Gonzalo Jiménez de Quesada fundó la ciudad de Bogotá en 1538, convirtiéndolo en un sitio emblemático para la cultura colombiana y esencial para entender los pasos de nuestras figuras ancestrales. Más tarde, en 1832, el padre Agustino Quevedo construyó la fuente que hoy adorna el centro de este particular sector bogotano pero que en su época fue el espacio de abasteciendo de agua para la población aledaña.

El Chorro ha experimentado múltiples modificaciones en diferentes momentos históricos y que hoy son visible en algunas de sus estructuras: en 1538, se edificó la capilla del Chorro (la Ermita del Humilladero), en 1969, se reconstruyó la plazoleta según imágenes de la época y en 1985, le construyeron muros a la fuente. Otro de los atractivos históricos del Chorro de Quevedo, son sus calles empedradas reconstruidas con estilo medieval y que aún mantienen un aire colonial, es por esto que el Chorro de Quevedo más allá de ser un espacio de relajación e intercambio cultural, es el conjunto de hechos históricos que han enmarcado el desarrollo y la recopilación de más de 500 años de memoria colombiana.

Entre arte, cultura, chicha y marihuana

El Chorro de Quevedo tiene un significado adicional, permite el intercambio cultural día tras días; si bien entre los años 40 y 50 la existencia de cafés alrededor de la zona lo impregnaba de un ambiente bohemio y fue el escenario de reunión de políticos que discutían allí temas de interés social y quienes junto a las estructuras coloniales, cigarros, tragos y música, inundaban con un aura libre y relajante todo el lugar, hoy en día, aún se mantienen estas prácticas con la diferencia que la diversión, el arte alternativo y el intercambio cultural lo acompañan permanentemente, es tan grande el impacto que este estrecho sector bogotano tiene en la vida tanto de los colombianos como los extranjeros, que muchos lo llaman el corazón de la fría capital.

El ambiente libre que transmite el Chorro de Quevedo, ha llevado a que sea el plan perfecto para jóvenes universitarios después de largas jornadas académicas o para extranjeros que llegan a Colombia con la expectativa de conocer nuevas cosas y quienes ven en la arquitectura, establecimientos, músicas y personas de este lugar, una forma diferente de vida extraña, pero interesante que en no pocos casos marca su travesía por Colombia. El entorno relajado, lleno de artesanías, teatro callejero, malabares, olor a marihuana, brownies felices, mochileros deambulando y venta de chicha de colores, son características que hacen de este lugar único y especial, siendo la principal insignia del barrio La Candelaria; el viernes, en especial, es como transportarse a otro mundo ya que con poner un pie en este emblemático lugar, la cultura atrapa junto a los cuenteros, el hermoso arte de sus paredes y los vendedores ambulantes, y en donde el contraste entre las luces de sus establecimientos y la arquitectura colonial, hacen olvidar los problemas y embullen al visitante en una experiencia amena e inolvidable.

El Chorro representa el contraste perfecto entre la memoria histórica de todo un país y el surgimiento de nuevas formas de cultura, es por esto que es arte, historia, cultura y realidad.


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