El alma vista desde el budismo y el catolicismo

Por María Margarita Soto Díaz.

24 de febrero de 2016
Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Human_soul.jpg

El alma es contemplada desde muchas perspectivas. Cada persona tiene su propia concepción; por tanto, la describen de forma distinta e, inclusive, hasta fantástica. Está totalmente evidenciado que el alma es un elemento fundamental para la mayoría de personas. De hecho, muchas de ellas deciden cambiar su forma de vida, para purificarla.  Otros, desde la otra orilla, no consideran que el alma sea algo  por lo que  se deba sufrir. Simplemente,  la conciben como  algo efímero, que muere cuando el cuerpo deja de funcionar. Para algunas religiones como la budista, el alma es algo que no trasciende, algo que no existe y lo explica muy bien con el Anatman. Por otro lado, se encuentra la religión Católica que, desde su creación, asegura y afirma que todos los seres humanos poseen un alma y que esta se eleva al reino de Dios cuando la carne muere.

Anatman

Esta doctrina fue creada por  Siddharta Gautama y es originaria de la religión budista. El an es un prefijo que tiene como denominación negar algo y el atman significa alma.  Esto quiere decir que para los budistas el alma es algo que no existe. Para ellos todo lo que conforma el mundo es tangible; es decir, que muta, las cosas están en constante cambio. Por lo tanto, es inconcebible tener un ente que pueda ser intangible o que sea inmutable porque iría en contra de esta doctrina y de la creencia de que todo fluye y nada es eterno.

El budismo argumenta que los mismos humanos crean la imagen de que existe un yo interior, con el fin de encontrar una pasión, una motivación para poder seguir con la vida diaria. Además de esto, surge con la idea del alma, la conciencia, la noción de un ser individualista y el ego, con el propósito de garantizar una buena vida, después de la muerte. Esta doctrina argumenta que el ego es la fachada de lo que las personas creen como alma. Esta, a su vez,  trabaja en conjunto con la conciencia  y la creencia de un ser individual para argumentar la existencia del alma. Todo esto es solo una fachada que alimenta las ganas de coexistir de los seres humanos; es decir, alimenta la esperanza de que habrá una vida mejor después de la muerte.

El alma como fuente de vida después de la vida

Para la religión Católica el alma tiene un significado mucho más profundo y espiritual. La doctrina católica argumenta que el alma es un espíritu que no se puede ver ni tocar, pero al estar en contacto con el cuerpo material es el que se encarga de darle vida. Esto en conjunto es lo que se entiende como ser humano. El alma es considerada como algo intangible, inmortal; es decir, que tuvo principio, pero que nunca tendrá un final. A diferencia de la doctrina del Anatman, el alma sí es fuente de  Dios y no es una creación propia del ser humano, en este caso, Dios creó esta misma a su imagen y semejanza para que guiara a la humanidad hacia un camino de bien y santidad.

Por otro lado, el alma posee facultades que rigen sobre el cuerpo y tratan de sacarlo del camino del mal, entre estas se encuentran la razón y la voluntad. Estas dos trabajan en conjunto para proporcionarle al cuerpo la capacidad de razonar ideas abstractas, del bien y del mal, de justicia y equidad. Le da la voluntad al ser de realizar decisiones propiasm, utilizando su propia voluntad, y esta se relaciona con la idea de la ética y la moralidad del ser, que ejemplifica cuáles son las acciones que debe realizar el ser humano para realizar el bien común y lograr la santidad después de que el cuerpo deje de funcionar.

De esta manera, se pueden ver dos verdades relativas acerca de la existencia del alma. Una vez más se demuestra que no hay verdad absoluta y menos cuando se trata de religiones o ideologías. Este siglo está caracterizado por abrirle las puertas a nuevas doctrinas, nuevos pensamientos acerca de los temas más cruciales como lo es la existencia de Dios y, en este caso, la del alma; le da la oportunidad a la sociedad de que haya una libertad de culto y de fe.

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Anton Baron – Sobre la existencia del yo (anatta)

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