Economías Colaborativas: ¿Cómo Gasta su dinero la Generación “Y”?

Por Natalia Granados

1 de agosto de 2016
Imagen: http://blog.drall.com.br/uber-airbnb-wikipedia-netflix-vao-enterrar-taxis-hoteis-livros-e-tvs/

Con la crisis económica y el avance de las nuevas tecnologías, las redes sociales y el internet, el consumo tradicional está siendo sustituido por un nuevo esquema de empresa: las economías colaborativas. La tendencia es a moverse en la actualidad dentro de un modelo de consumo totalmente distinto, donde la idea no es poseer sino compartir. Los clientes ganan poco a poco más fuerza frente a los oferentes, lo que les permite satisfacer casi todas las necesidades sin tener que adquirir los bienes, tan sólo con formar parte de ese grupo virtual: viajan, se transportan en la ciudad, comen e incluso ganan dinero. Como escribe Thomas Friedman,  columnista del periódico The New York Times: “esta nueva economía compartida crea nuevas formas de emprender y también un nuevo concepto de la propiedad”. El Siglo XXI se caracteriza por los denominados millenials  y la  economía forma parte de este impacto.

Compartir puede ser rentable

 El surgimiento de este modelo económico se da como resultado de la era de la tecnología, con los avances que el internet y las redes sociales han traído a la vida diaria, la necesidad previamente inexistente de “poseer” bienes sin tener control (100%) sobre los mismos fue creada. La facilidad de crear una nueva aplicación en la red, ha sido el estímulo para que empresas como Uber o Airbnb ofrezcan formas diferentes de transportarse y conocer el mundo. El público al cual estas aplicaciones estaban dirigidas era en principio el  juvenil, los “millenials” aquellas personas que estaban dispuestas asumir un “riesgo”, probar algo diferente y en el caso concreto de Airbnb estar dispuestos a compartir el hogar con alguien más. Aunque este era el nicho de mercado principal de estas economías colaborativas, el éxito  ha sido tal que hasta los adultos y aún los ancianos han optado por este tipo de aplicaciones, lo que ha causado un choque bastante fuerte con aquellos sectores conservadores y los que por tradición han mantenido el control de estos mercados.

Desde la óptica positiva, las economías colaborativas como lo son Uber, Airbnb, Blablacar, Lyft o ThredUp empresas que funcionan bajo la idea de colaborar o aumentar el acceso a bienes o servicios por un menor costo al habitual se han desarrollado en el momento justo.  La globalización y los avances tecnológicos rigen el devenir del desarrollo, permitiendo un crecimiento sostenible y en cierto grado favorecer el “acceso compartido”; intentan disminuir la inequidad social. Sumado a esto, empresas como Uber son el ejemplo perfecto de como una idea que en principio tiene tarifas más altas frente al transporte público (taxistas) ha crecido de manera exponencial desde su creación, lo que en últimas evidencia las falencias de mercado en casi todos los países donde opera.

¡Actualízate o muere!

Sin embargo, el hecho de que las personas estén dispuestas a pagar un precio mucho más alto por este tipo de transporte muestra que ese “gremio tradicional” se estancó en la modernidad y el servicio que ofrece no va de acorde a las necesidades crecientes de los clientes actuales.

Atado a esto, otro aspecto positivo bajo el marco económico se basa en un aumento en los portafolios de bienes y servicios ofrecidos a los clientes. Las personas tienen en la actualidad mayores posibilidades de suplir sus necesidades, con diferentes opciones que varían por precio, calidad, tipo de servicio o incluso guiados por requisitos personalizados. Este aspecto va de acorde con un aumento de la competencia de manera positiva, donde al haber más competidores en un mismo sector se fijen objetivos mayores e incluso inciten a la innovación. En el largo plazo, una competencia mayor fomentará una mejora en las condiciones, el control y la calidad ofrecida a los clientes.

Aunque muchos están de acuerdo con que este tipo de economía va de acorde al momento que se vive, es cierto que atentan contra el status quo de la economía, rompiendo así con el consumo tradicional y las formas tradicionales de emprendimiento. Cuando se crean maneras diferentes de ofrecer un mismo bien al cliente y este lo acepta de tal manera que aporta a empresas como Airbnb, 6 años después de su creación casi 7.200 millones de euros, se ven como una amenaza real.

Torcerle el cuello al capitalismo

 Al romper con la manera tradicional de fijar transacciones entre cliente y oferente, las aplicaciones quiebran esos cánones del capitalismo donde se ajustan a la inmediatez, la rapidez y menores precios. Si a esto se le suma, la entrada al mercado de aquellas aplicaciones, usualmente ilegales, los gremios que se ven directamente afectados no aceptan que este nuevo competidor entre sin requisito alguno y lo que es peor, se quede con toda la clientela en un segundo. Los gobiernos de casi todos los países donde los sectores de transporte, turismo y comercio se han visto afectados han intentado lanzar políticas que regularicen estas empresas, leyes que apliquen para garantizar una competencia leal y justa; lo que en últimas ha formalizado la entrada al mercado de muchas de estas economías colaborativas, sin embargo todavía falta un camino largo.

Otro de los argumentos en contra, recaen en el hecho de aumentar los niveles de desempleo por aquellas empresas que han tenido que recortar personal por la entrada de estas aplicaciones; sin embargo en este aspecto el fenómeno que se está generando es una “transición de mano de obra”. Las personas, por ejemplo como los taxistas se han visto afectador por Uber y el éxito en el sector de transporte, sin embargo son muchos los que han migrado a Uber por que han visto que la demanda se está concentrando en esta nueva alternativa.

Finalmente uno de los impactos poco evidentes en este tema es el poder excesivo que están ganando los clientes en la cadena de producción. Si bien el cliente “siempre tiene la razón”, bajo el marco de este tipo de economía compartida, están tomando el mando más allá de los límites forzando a la creación de nuevas aplicaciones, beneficios y servicios que siempre satisfagan sus necesidades. No está mal que la calidad o el servicio prestado mejore, lo que se discute aquí es un poder del cliente por encima del oferente que puede llegar a presionar los costos de tal manera que la competencia vía precio sea insostenible y el ganador sea aquel que esté dispuesto a ofrecer sus bienes o servicios por debajo de los costos fijos; es decir que esté dispuesto a perder por no salir del mercado.

La polémica está abierta, un millenial que busca el mejor servicio por el menor costo, aquella persona que requiere rapidez, facilidad y seguridad. Estamos en un contexto donde la mayor cantidad de posibilidades satisface mayores demandas, ver a las economías colaborativas como una amenaza es aceptable pero negarle su desarrollo es sencillamente ridículo, la economía requiere un cambio y si este tipo de empresa lo logra estará a tono con el siglo XXI.

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El País – La imparable economía colaborativa


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