Economías colaborativas: ¿amenaza u oportunidad ?

Por Andrés David Parra Ramírez

9 de agosto de 2016
Imagen: By UberEATS (Own work) [CC BY-SA 4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], via Wikimedia Commons

Las economías colaborativas, que funcionan con plataformas digitales que ofrecen servicios de manera alternativa a lo establecido tradicionalmente, están creciendo a un ritmo del 25% anual  y acumulando 3,5 billones de dólares de ganancia solamente en Estados Unidos, según la revista Forbes. Pero ese crecimiento viene acompañado de grandes debates como en el caso de Uber y Airbnb en Colombia. La organización de Economistas Sin Fronteras, las ha definido como “un nuevo modelo de intercambio económico que se basa en tres principios fundamentales: interacción entre productor y consumidor, conexión entre pares y colaboración” (Economistas Sin Fronteras, 2014).

De esta definición se puede extraer que el sistema de economías colaborativas, se basa en una comunicación cada vez más global gracias a la tecnología, que permite la reducción de costos de transacción asociados a la realización de la actividad por medios no físicos.  Además, se presentan características de una sociedad post-material “que ya no obtiene tanta utilidad de poseer los bienes, sino que le basta con usarlos”.  (Economistas Sin Fronteras, 2014).

Caos en la regulación

Ahora bien, la aparición de estas plataformas digitales no ha caído bien a quienes han ofrecido tradicionalmente el servicio, quienes señalan que estas ideas de negocio atentan en contra de la competencia leal que debe existir en el mercado, por cuanto no existe una regulación uniforme para el servicio tradicional, menos para los mecanismos alternativos.

Por ejemplo, en Colombia, se ha vuelto parte de la coyuntura nacional ver día a día como el gremio de los taxistas no sabe qué hacer para competir con la plataforma de Uber, que, en vez de debilitarse, se hace cada vez más fuerte en el país. Es más, la frustración ha llegado a tal punto, que se han presentado casos de agresión por parte de los taxistas a los conductores de Uber, cuya consecuencia ha sido solamente, atraer más usuarios a la plataforma digital.

Y es que Uber posee puntos muy a favor a la hora de compararlo con el servicio de taxis. Entre las diferencias que se pueden encontrar entre Uber y el servicio de taxis tradicional, es que en Uber “hay un límite específico de calificaciones negativas o quejas que un conductor puede recibir, y si sobrepasa este límite será expulsado de la red de conductores permanentemente” (Cubides, 2016). En cambio, en el servicio de taxis, se ha tratado de simular la herramienta, sin embargo, no posee el mismo resultado que en Uber, pareciera que en las empresas de taxi estas herramientas actuaran en calidad de “accesorio”.

Las grandes diferencias de los servicios

Sin embargo, puede que el éxito de las economías colaborativas se deba también al actuar de los mismos oferentes tradicionales, quienes, en virtud de su posición favorable en el mercado, disminuyen la calidad del servicio de una manera importante, lo que ha generado cierto recelo en los usuarios, que, al ver el surgimiento de nuevas plataformas con servicios mejorados, recurren a ellas.

Es el caso particular de los taxis en Colombia, un servicio que data de hace mucho y que en la actualidad se encuentra totalmente desacreditado, en cuanto los conductores de taxi se caracterizan por tener un comportamiento intolerante y agresivo. Un declive que obedece también a que en el pasado, el usuario tomaba el taxi y le indicaba al conductor  el destino hacia donde se dirigía y el servicio se cumplía. En la actualidad si el conductor no está de acuerdo con el lugar de destino, sencillamente la carrera no se lleva a cabo.

Según el emprendedor de las nuevas tecnologías, el español Carlos Blanco, el éxito de las economías colaborativas es “una consecuencia de la digitalización, pero también una réplica frente a los abusos en los precios, el mal servicio y la pésima regulación” (Diario EL PAÍS, 2014).

En conclusión, la aparición de las plataformas digitales está dejando en evidencia profundas fallas en los servicios tradicionales, por lo que resultará imperativo  mejorar la manera en que se presta el servicio para no quedar rezagados frente a las crecientes economías colaborativas. No es suficiente con señalar las fallas que puedan tener las, plataformas digitales es necesario competir mejorando los servicios tradicionales. La aparición de las economías colaborativas es una oportunidad y no una amenaza, de lo que se trata en últimas es de satisfacer al cliente y el que lo consiga es el dueño del mercado.

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