Cultura democrática: ¿votar o botar?

Imagen: http://www.livinginstrata.com.au/news/proxy-farming-reforming-proxy-vote-system/

A pocos meses de elegir al próximo alcalde de Bogotá la mayoría de las encuestas revelan el candidato de preferencia de los ciudadanos para los próximos cuatro años: ¿Peñalosa, Santos, Clara, Pardo, De Roux, Ramírez? Los diferentes medios de comunicación le dan gran importancia a los candidatos y ponen poca atención a la otra cara de la moneda: los votantes, quienes son los que a la hora de la verdad definirán quien será su gobernante. La participación ciudadana en la elección de sus gobernantes, tanto en la capital como en el resto del país, no hace parte de la cultura democrática del pueblo colombiano y son diferentes las razones y las justificaciones que dan los colombianos a cerca de su abstención. Pese a ello, el próximo 25 de octubre los bogotanos están invitados a votar. El inconveniente estriba en que se sabe que está en pie la cita, pero no es seguro que todos los convidados estén dispuestos a llegar a este encuentro, tomando en cuenta que el futuro de la capital del país que, en definitiva, nos pertenece a todos.

La cortina de prensa

La mayoría de la información que publican los medios de comunicación es limitada y en ocasiones contradictoria. Encuestas realizadas por Ipsos-Napoleón Franco y Cifras y Conceptos muestran una clara discrepancia en sus resultados, mientras que Enrique Peñalosa lidera con un 30%, Clara López  lo hace con un 25%, respectivamente. Más allá de los números, las encuestas no muestran nada trascendental que en realidad genere consciencia en los bogotanos al momento de elegir a su próximo mandatario. La educación, la salud, la movilidad, la seguridad, son temas que deberían tener relevancia a la hora de escoger a un candidato, al fin y al cabo la manera en que se vaya a abordar cada problemática es lo que asegura un mejor futuro para Bogotá. Los votos supuestos que pueden obtener cada uno de los  candidatos muestran superficialmente quiénes son en verdad y qué proponen. Las encuestas deberían revelar preguntas de conocimiento: ¿conoce usted las propuestas de los candidatos?, ¿se inclina más por las propuestas del sector x (movilidad, seguridad, transporte, etc.) del candidato 1 o 2? ¿qué sector cree que el próximo alcalde debería tener como prioridad?

Los medios de comunicación no están cumpliendo su verdadero objetivo: informar porque están sesgados hacia uno u otro lado, pero también, además de arrojar datos, es de explicar, mostrar y en este caso en particular, analizar las diferentes opciones. Los medios nos tienen en una cortina de prensa, su propia cortina de humo, en donde deciden mostrar lo conveniente.

Su función tendría que ir mas  allá de informar , como una mera repetición de datos, y entretener; su responsabilidad social y ciudadana debería contribuir a la cultura del voto,  cultura que  según la Real Academia De la Lengua es el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.” El análisis de propuestas, las preguntas de los ciudadanos a los candidatos, la  presentación de foros sobre la democracia y la participación y también de espacios en los que los candidatos puedan intercambiar sus propuestas e ideas con los ciudadanos, serían mecanismos para que la gente se eduque en la democracia y la ejecute mediante el voto.  La televisión, hoy en día esta presente en casi todos los hogares colombianos ,podría ser usada para fomentar la cultura hacia el voto, de esta manera todo colombiano sin excepción alguna podría estar informado y tener un pensamiento crítico respecto de lo que ocurre a su alrededor.

La otra cara de la moneda: participación ciudadana

La Constitución Política de Colombia proclama en el artículo 258 que “el voto es un derecho y un deber ciudadano”, por lo tanto toda persona con nacionalidad colombiana debería ejercerlo. Aún así, los índices de abstención son bastante altos: en las votaciones pasadas según la página web www.colombia.com fue  del 47%. Recientemente una publicación en el ¡Pacifista! mostraba cómo la participación ciudadana –la intervención de la sociedad civil en la esfera de lo público (Cunill, 1991)– podría ser fomentada a través de videojuegos y cómo esta había sido implementada en otros países. Esta estrategia está siendo evaluada por el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (MINTIC) que en caso de arrojar resultados positivos se estaría poniendo en práctica para el Proceso de Paz, mas no para las elecciones municipales, de alcaldías o nacionales. Implantar este sistema para unas próximas elecciones podría servir de plan piloto antes de que Colombia comience a hablar de firmar el Proceso de Paz.

Al momento de preguntar a los ciudadanos por qué no votan surgen respuestas como: “¿para qué si se van a robar la plata?, eso a mi no me importa, no tengo tiempo para eso” pero tal vez la más escalofriante de las respuestas es “que los demás elijan”. ¿Cómo puede un colombiano dejar que unos elija por el? Este país es de todos no de unos pocos. Este síndrome, enfermedad, incultura lleva a toda una sociedad a la ignorancia, a la indiferencia. ¿Estamos votando o botando nuestro voto? ¿Votaremos o botaremos nuestros derechos? Luego se escucha a la gente quejarse de que vamos por mal camino, que los mandatarios no hacen nada por la ciudad ni por el país, ¿pero votamos…? Si no vota no se queje. Sin duda alguna, parte de lo que ocurre en nuestro ámbito es consecuencia de nuestros actos, en el momento que se decide no votar, también cada uno decide su propio futuro en su propia ciudad. Los bogotanos han de entender que la capital, hoy en día,  más que un buen político amigo de todos, necesita de un buen administrador con metas ambiciosas que saquen a esta ciudad adelante. La participación ciudadana es fundamental en una democracia; de lo contrario, cada vez se es menos una república de derechos. El voto es muestra de interés sobre nuestro entorno y, además, es de importancia en la incidencia de las decisiones públicas. Es hora de que aquellas personas indiferentes a su contexto, hagan parte de él, comenzando por hacer valer sus derechos y cumplir sus deberes. Preocuparnos por nuestro bienestar y el de los demás es responsabilidad social, responsabilidad de todos.

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