¿Cuál es la democracia que nos queda?

Por Juan Pablo Pabón

6 de julio de 2015
Imagen: Gabriela Silva - tomado de: http://gabrielasilva.com.mx/wp-content/uploads/2014/10/manos-unidas.jpg

Desde el nacimiento del concepto “democracia” la historia junto con diferentes actores han intentado practicarla, de la forma en que mejor se acerque al ideal que la define. Esto ha llevado a distintos problemas que contradicen los fundamentos de la misma y que nos llevan a cuestionar verdaderamente qué es la democracia. Esta como sistema político y social, alberga dos ejes temáticos, tales como los principios básicos y las condiciones para que se pueda determinar como tal, en concordancia con su objetivo primordial que concierne a la ampliación de la participación ciudadana en su máxima expresión.

Principios básicos de la democracia

Como primera medida, la democracia garantiza los derechos de los individuos, los cuales se suscitan en relación con el concepto de que todo ser humano desde el momento de su nacimiento, hasta el momento de su muerte, los adquiere y se le garantizan. Esta es la intención misma y el sentido de orden primario, que demanda la democracia. El individuo, que dentro de un conjunto determinado, no se le están garantizando sus derechos y a su vez no garantice los del otro, no puede ser parte de la democracia, y si esta misma no se somete a estas exigencias, entonces, no es consecuente con su denominación.

Como segundo aspecto y como consecuencia de la idea anterior, los deberes que como ciudadano incluido y formador del concepto de democracia se le adjudican son la base misma de la garantía que estos derechos sean respetados, ya que, sin su existencia, los derechos perderían su respaldo existencial y, por consiguiente, la democracia su fundamento. Estos deberes son fundamentales para que se genere la complementación necesaria con los derechos, pues si bien nuestra naturaleza como individuos de sociedad nos los garantiza, también nos exige una responsabilidad para que estos se puedan conducir de manera acorde y justa. Es común encontrar en los sucesos cotidianos, sujetos que mediante incoherencias ideológicas, pretenden exigir la protección de sus derechos, cuando es evidente que los deberes no se cumplen. Esta problemática genera que entre entes se vulneren su condición de seres humanos, lo cual se evidencia en democracias con vulneración de los derechos humanos y en donde no se manifiesta la voluntad ciudadana, como se da en Venezuela. En este país, verbigracia, se tergiversa la información mediante el control político de la información y los medios, desconociendo las necesidades y las circunstancias que atraviesa la nación. Problemática que se relaciona con el desentendimiento de la democracia, que lleva a una práctica errónea e inconsecuente con su significado.

Condiciones de la democracia

En el tercer escalón, se encuentra la necesidad que la democracia ha de satisfacer. La inclusión ciudadana, participativa e integrante que ha de ejercer es de absoluta importancia. Es labor imperativa que no se tracen límites hasta el punto en que el rico y el pobre, el capaz y el incapaz, entre otros, tengan un espacio en el ejercicio del deber ser: un individuo más en la construcción del ejercicio democrático. Pierde, entonces, la democracia su valor moral en el momento en que este aspecto fundamental se vea maltratado y ultrajado, en momentos tales como la integración de elementos corruptores como la codicia, la deslealtad, la competencia injusta y, peor aún, que sea puesta por debajo de los intereses personales y particulares. Este problema se ejemplifica en plutocracias como Estados Unidos, en donde el interés de la nación se ve opacado por la necesidad de las grandes empresas y sectores privilegiados de mantener su poder económico, mediante el control financiero del sistema y, por ende, del sector político y social.

Pasando a un cuarto aspecto, la democracia ha de ser un sistema estructural llevado a la lucha contra los dogmas y los estatutos arbitrarios, que se resisten al respeto por la dignidad humana y al concepto de sujetos poseedores de derechos. Su práctica debe ser liderada por conjuntos de individuos dispuestos a portar la camisa de la resistencia civil frente a los enemigos y devoradores democráticos, tales como la intolerancia, el irrespeto a lo ajeno, la no defensa de la soberanía de las naciones, la desigualdad, entre otros. Es ahí, en el momento en que las luchas civiles y sociales concreten la garantía de los tres aspectos anteriores, el momento en que denominaremos democracia triunfante. La naciente democracia que venza las diferencias, que reúna a todos y todas en una convergencia de realización humana, que no excluye ningún individuo ligado a derechos y deberes y, que primordialmente, garantiza el progreso desarrollo moral y ético en el ser humano

Finalmente, asimilando de manera sincera y responsable la realidad del sistema actual, encontramos que este concepto no se sucita en la sociedad en general. Las condiciones actuales nos muestran que el progreso parcial en la democratización del sistema, no es suficiente ni está completo para concluir que se le garantizan los derechos, y la obligatoriedad de incluir a cada individuo dentro de la práctica democrática. Encontramos, por el contrario, una tergiversación y aprovechamiento de sujetos inescrupulosos y sin moral alguna del concepto democrático. Personajes que mediante herramientas como la propaganda, la estrategia económica y política y las condiciones sociales, demagógicamente utilizan el concepto para el cumplimiento y la satisfacción de intereses propios, lo cual viene siendo el enemigo acérrimo de la democracia, pues atenta contra sus principios y contra la lucha para que esta se realice. Colombia como país incapaz de albergar una sociedad democrática, responde a la realidad expuesta anteriormente, pues aún los intereses particulares priman, sobre la voluntad ciudadana, ya que las élites tradicionales de familias acaudaladas, impiden que se determinen las condiciones democráticas.

Referencias El Libre Pensador:

Diario El País – La democracia en peligro

Revista Semana – La democracia contra si misma

 


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