Colombia: la pesadilla de las minorías

Por Maria José Escobar

24 de marzo de 2017
Imagen: Ministerio TIC Colombia

Según el último censo del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, realizado hace 11 años, en Colombia existen 87 distintos grupos indígenas, de los cuales 18 están en riesgo de desaparición debido al conflicto armado y al abandono por parte del Estado.

Los indígenas, no solo colombianos sino de cualquier Estado, son parte fundamental de la cultura. A pesar de los antiguos procesos colonizadores y la reciente globalización, han logrado conservar sus tradiciones que, además de ser parte de nuestra identidad, contienen lecciones valiosas para el desarrollo de la sociedad.

En el caso colombiano, como lo expresó Gabriel García Márquez, en su discurso durante la entrega del informe de la Misión Colombiana de Ciencia, Educación y Desarrollo, los indígenas conservan uno de los dones más importantes para que una sociedad permanezca en medio de las dificultades: la creatividad. Sin embargo, dado que no se someten por completo a nuestro sistema de gobierno y desenfrenado consumo, no se les brinda el apoyo, asistencia e importancia que merecen.

La delgada línea entre proponer y ejecutar

Es sencillo proclamar, en defensa de su manifestación pluralista, el reconocimiento y protección de los derechos de los indígenas en la Constitución Colombiana, pero es un verdadero reto hacerlos realidad y lo que es aún peor: entender su importancia.

En Colombia, tanto el Senado como la Cámara de Representantes cuentan con miembros que pertenecen a circunscripciones nacionales o especiales; estas últimas son la representación de los grupos indígenas y afrodescendientes. De los 102 miembros que componen el Senado, solo hay dos circunscripciones especiales para pueblos indígenas y de los 166 miembros de la Cámara de Representantes, solo 1 es de la comunidad indígena. Teniendo en cuenta que la población indígena, según el censo del DANE en el año 2005, está compuesta por 1.378.884 personas, equivalentes al 3% de la población total,  es un muy bajo índice de representación: solo el 0,02% de los indígenas tienen un lugar en el congreso, evidenciando una clara distinción en los derechos de participación política e inclusión de estas minorías.

Una cuestión de prioridades

La Constitución Política de Colombia expresa en el artículo 360 que “la explotación de un recurso natural no renovable causará, a favor del Estado, una contraprestación económica a título de regalía, sin perjuicio de cualquier otro derecho o compensación que se pacte”.  Esta retribución se debe hacer, según el Ministerio de Educación en su boletín número 18 de 2012, a través de la distribución de los fondos totales obtenidos por la nación a los departamentos según los criterios de pobreza, población y desempleo.

El Sistema de Información Minero Colombiano afirmó que las regalías financian el desarrollo territorial y la implementación de estrategias para un uso más eficiente de los recursos de donde se obtienen. La Guajira, además de ser uno de los puntos de mayor explotación minera, es uno de los departamentos que más necesitan de estos recursos; dado que, como afirmó la Defensoría del Pueblo, “solo el 36% de las viviendas del departamento cuentan con servicio de energía, acueducto y alcantarillado; el 53% de la población de La Guajira está bajo el Sisbén; y la tasa de analfabetismo es del 31,7% del total de la población.”

Sin embargo, el presidente Juan Manuel Santos afirmó que se va a “presentar en los próximos días un proyecto de reforma constitucional para que una parte importante de regalías que tenemos acumuladas, por una sola vez, las utilicemos en vías terciarias”. De lo anterior se deduciría que el presidente Santos considera más pertinente la construcción de vías terciarias que la protección de los derechos de los indígenas, como por ejemplo, los derechos al agua potable y educación de los niños wayuu que mueren cada día a causa del precario – e incluso inexistente en la mayoría de los casos- sistema de salud; no por falta de vías.

“Ser diferente y reclamar el derecho a serlo, pero alcanzando niveles de igualdad social y económica. Es la pluralidad étnica que desde hace unos años se formula el mundo como un perfil de la democracia en las naciones contemporáneas.”

-Nina Friedemann

                    

Recomendados Libre Pensador:

Comisión Interamericana de derechos humanos, capítulo XI: de los derechos de los indígenas en Colombia

UNICEF – Los derechos de los niños y las niñas indígenas

Defensoría del pueblo – Crisis humanitaria en la Guajira

Ministerio de Cultura – Wayuú, gente de arena, sol y viento

Departamento Nacional de Planeación – Actualización de la cartilla “Las Regalías en Colombia”

Ministerio de Educación – Sistemas de regalías

 


Compartir esta noticia


Facebook Twitter Google+

Deja un comentario