Sociedad


Oídos sordos en Semana Santa

A propósito de la Semana Santa, quisiera contarles qué sucedió en la conmemoración del Domingo de Ramos, en el cual, como ya todos deberíamos saber, está prohibido tal como lo estipula el Código de Policía en su artículo 101, numeral 5, “Talar, procesar, aprovechar, transportar, transformar, comercializar o distribuir especies o subproductos de flora silvestre de los parques nacionales o regionales naturales (…)”, puesto que afecta las especies de fauna o flora y por tanto no deben efectuarse. Sin embargo, pese a esta ley y que, en los distintos departamentos y municipios, estuvo series de jornadas de control y vigilancia con el fin de evitar el tráfico ilegal del cogollo (hojas no expandidas) de la palma de cera del Quindío y el perjuicio a otros recursos naturales durante esta conmemoración, se observó vendedores de la palma; por lo menos aquí en Bogotá, noté con total desagrado cómo los vendedores informales eran inconscientes del gran daño que le hacen a la naturaleza.



Lo malo, lo bueno y lo bien feo de “La Pulla”

Se sabe que la palabra Pulla denota critica, ironía y en ocasiones ataque, esta es, en general, ingeniosa, picante… ¿Qué tendrá que ver con el programa audiovisual del periódico El Espectador, cuyo nombre es el mismo?  Este surgió hace poco menos de un año y su metodología se basa en la producción de videos de duración corta publicados en la web. Allí se tratan temas generalmente de carácter político, transmitidos— como su nombre lo indica— de manera irónica y picante. Tanto la producción como el libreto están a cargo de cinco periodistas: cuatro hombres y una mujer. La periodista María Paulina Baena es la figura delante de las cámaras y, por lo tanto, el objeto de diversas críticas a su forma de hacer periodismo. He aquí lo malo, lo bueno y lo feo de la famosa “Pulla”.



La Sociedad Mafiosa

La sociedad mafiosa se caracteriza primero, porque se deja deslumbrar por la ostentosa exhibición de sus bienes que hacen los nuevos ricos, sin tener en cuenta el origen de la riqueza o los medios de que se hayan valido para lograrla y segundo porque a los nuevos ricos les importa un bledo la comunidad de la que formaban parte o el interés general.

El actual episodio de Odebrecht en el que se ha demostrado que la Multinacional brasileña, pagó sobornos en al menos doce países de la región -incluída Colombia- para quedarse con contratos de infraestructura y energía, es solamente el más reciente capítulo de la larga historia de la sociedad mafiosa.

Parte de esos dineros al menos en el caso colombiano, habrían ido a parar en forma de sobornos a las campañas presidenciales de 2010 y 2014 los beneficiados serían Juan Manuel Santos, y Óscar Iván Zuluaga -sin que ellos lo supieran, por supuesto –. Hasta ahora la suma “invertida” por Odebrecht supera los 700 millones de dólares, once de ellos en Colombia. Este caso que no es el único, pero es suficiente prueba de que la nuestra es una sociedad que se rige por las reglas de la mafia o en su versión corta, una sociedad mafiosa. La calificación surge del trabajo del profesor Óscar Mejía Quintana, de la Universidad Nacional de Colombia, titulado “la cultura mafiosa en Colombia y su impacto en la cultura jurídico-política”



Los hombres invisibles

La violencia sexual en conflictos armados es un tema que se asocia constantemente con la violación como única dinámica y con las mujeres como único objetivo. Sin embargo, en el contexto colombiano, la violación sexual ocurre también contra hombres, quienes si bien son una minoría respecto a las mujeres -1.404 casos frente a 16.699 mujeres víctimas, según el Registro Único de Víctimas (RUV) de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV)-, no por ello requieren menos visibilidad. La importancia de analizar la violencia sexual en el contexto nacional, es porque es una violencia silenciosa, de la cual poco se habla, rodeada de impunidad y desamparo frente a sus víctimas. Por ello, si afecta tanto a hombres como mujeres, lo que este artículo propone analizar es si hay un impacto diferenciado para un mismo hecho victimizante.