Economía


La formalización vale oro: Gold rush, Colombian style

Dada la difícil situación por la que cruzó la economía del país entre finales de 2017 y comienzos de 2018, se esperaba que las  exportaciones fueran un alivio, dinamizando el consumo interno y la generación de empleo. Ahora bien, pese al mal desempeño que mostraron en 2016, año en el que tuvieron una variación negativa por encima del 10%, con relación al 2015, se registró un alza en los últimos dos meses del año pasado, tendencia que generó expectativas sobre su comportamiento a futuro.



Reforma tributaria en Colombia: análisis en frío de un tema candente

La Ley 1819 de 2016 comprende la más reciente reforma tributaria, aprobada en diciembre de 2016. Para el gobierno Santos Calderón (2010-1014 y 2014-2018) era necesaria una reforma del sistema tributario “en cuanto la caída de los precios del petróleo redujo en 24 billones de pesos los ingresos del gobierno” (Departamento de Impuestos y Aduanas Nacionales [DIAN], 2016). Dicha reforma tributaria se inscribe, entonces, como una alternativa de financiación del gobierno nacional y como una herramienta para mitigar la dependencia del país frente al sector minero-energético. Consecuencia de lo anterior es la mejora en la calificación de Colombia, en su momento, por parte de la agencia calificadora Fitch Ratings, en tanto el país pasó de una perspectiva negativa a una perspectiva estable, lo que podría motivar la entrada de capitales extranjeros, destinados a la inversión. Para el Ministro de Hacienda y Crédito Público, Mauricio Cárdenas Santamaría, “el mensaje que envía la calificadora con su decisión ratifica que la reforma tributaria fue muy importante y, sobre todo, según destaca Fitch Ratings, refleja la disciplina que mostró Colombia para responder a los retos y al choque petrolero(El Tiempo, 2017). Sin embargo, diversos sectores se han manifestados en contra de la misma y han llegado incluso a afirmar que la reforma tributaria, más allá de los problemas de carácter estructural, evitó sólo la crisis fiscal. Tal es el caso de la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (FEDESARROLLO) que afirmó, al respecto, en un informe reciente, que la reforma “fue suficiente para evitar una crisis fiscal, pero estuvo lejos de constituir la reforma estructural que hubiera sido deseable y de lo que recomendó la Comisión Asesora, conformada desde comienzos de 2015, para ese propósito” (Dinero, 2017). Reconociendo lo anterior, ¿es La ley 1819 de 2016 una reforma de fondo, estructural en su carácter, o es una reforma  coyuntural, más bien, cuyo propósito es únicamente aliviar el déficit fiscal presente en el país? Tal es la pregunta que pretende abordarse en las líneas que siguen.



El sector salud en Colombia: ¿un paciente crónico?

En los últimos años, la sociedad colombiana ha atestiguado las deficiencias dentro de diversas entidades de salud, tanto públicas como privadas, que han obstruido el acceso oportuno a la atención médica para la población. Casos como el de Antonio José Valencia (El Tiempo, 2015), adulto mayor de 82 años, a quien se le programó una cirugía prioritaria para el 2018, después de solicitarla el 21 de agosto de 2015 a la empresa prestadora de salud (EPS) Comfandi[1], además de ser preocupantes, invitan a la reflexión en torno a las falencias del sistema de salud actual. Así, el sistema de salud se ve afectado por unas externalidades negativas de producción[2] y, en consecuencia, hace necesaria la intervención estatal en dicho ámbito. No obstante, tanto las acciones individuales de los ciudadanos (la interposición de tutelas), como investigaciones, por ejemplo, la desarrollada por el Centro de Investigaciones en Salud de la Fundación Santa Fe, para la optimización de recursos, juegan un rol considerable, al momento de corregir la crisis de este sector. Así, el propósito de las siguientes líneas es estudiar el sistema de salud en Colombia desde una perspectiva económica, al tenor de las consideraciones anteriores.



Colombia en el contexto comercial de Asia Pacífico: entre el rezago y la oportunidad

En los últimos años, se han tomado medidas para fortalecer la relación entre Latinoamérica y Asia Pacífico, con el objetivo de crear vínculos que conlleven a un mayor desarrollo, junto con un crecimiento económico, derivado de los intercambios comerciales. Efectivamente, se prevé que en 2020 Asia Pacífico representará cerca del 60% del comercio mundial (Portafolio, 2017). En este sentido, la inserción comercial en Asia Pacífico reviste numerosas potencialidades. Con todo, Colombia aún se enfrenta a una serie de dificultades para estrechar los lazos con el continente asiático, con la asimetría existente en ciertas tendencias comerciales[1] como la principal limitante, aspecto que lleva a negociaciones marcadas por el hecho de que un país obtiene un mayor provecho que el otro, o cuando alguno de los estados negociantes se puede ver afectado negativamente por las condiciones comerciales impuestas, establecidas de acuerdo a la capacidad o al desarrollo económico de cada país, y que beneficia, usualmente, más que todo, a los más poderosos.



El Día sin Carro: ¿freno o motor del sistema económico en Bogotá? Un análisis más allá de la coyuntura

El pasado 2 de febrero, nuevamente, dejaron de circular cerca de “1’500.000 vehículos particulares y 400.000 motocicletas” (El Tiempo, 2017). Desde su creación, el 28 de febrero del 2000, durante la primera alcaldía Peñalosa Londoño, el denominado Día sin Carro se ha caracterizado por suscitar polémica entre los ciudadanos bogotanos. Efectivamente, el proyecto es considerado como uno de los primeros en su clase y ha sabido promover, desde su origen, hasta la actualidad, la reestructuración y el uso del transporte público, la reflexión sobre la utilización indiscriminada de vehículos particulares y las políticas públicas ambientales. No obstante, las diferentes declaraciones de gremios como la Federación Nacional de Comerciantes (FENALCO)[1] y asociaciones como la Asociación de Centros Comerciales de Colombia (ACECOLOMBIA)[2] reflejan el inconformismo por las repercusiones económicas negativas que el Día sin Carro trae para el sector comercial en Bogotá.