¿Algún día aprenderemos a ser una buena oposición?

Por Leonor Elena Celis Martínez

Jueves 29 de Septiembre de 2016

Las decepciones con los líderes de oposición han sido diversas. La más dolorosa las elecciones Capriles-Maduro de 2013, en la cual la oposición logró lo que se pensaba imposible en 30 días. Elecciones que se perdieron por aproximadamente 200mil votos, y el líder de la oposición Henrique Capriles Radonski aceptó y en las siguientes 36 horas estuvo desaparecido del espectro político. En el momento que más se necesitaba un líder: que le diese esperanza a la gente, que incentivará el espíritu de lucha por la democracia, que mantuviese los ánimos en calma, pero siempre prestos a luchar por nuestros derechos; sin embargo,  la oposición brilló por su ausencia.

Lo que dolió

Después de más de 3 años de oposición “consolidada” en cabeza de la Mesa de la Unidad Democrática, sigue sin entender cómo juega el gobierno de Nicolás Maduro. Desde el intento fallido de diálogos en Miraflores, después de la crisis de febrero de 2014, hemos tenido a un gobierno que se burla de las intenciones del pueblo y sus dirigentes de oposición.

Un gobierno cuya consciencia y rectitud quedaron sepultados después del referendo revocatorio de 2004 o que posiblemente nunca tuvieron. Pero con una oposición que no se entiende a ella misma, que sigue enfrascada en luchas de ego y protagonismo. Muchos esperarían que después de la crisis del 2004, el llamado a abstenerse y el retiro de los partidos en las elecciones legislativas del 2005, las presidenciales de 2006, regionales del 2008, las presidenciales del 2012 y 2013, las manifestaciones del movimiento estudiantil en el 2014 y las elecciones parlamentarias del 2015 la oposición venezolana hubiese madurado, comprendiendo que el pueblo no vive de egos y que las victorias requieren planificación y unión.

Lo que sigue doliendo

Las pungas entre la MUD y otros opositores como María Corina Machado, por el poder de convocatoria, por defender cada uno la manera de hacer las cosas para enfrentar la crisis; terminan dándole una victoria al oficialismo organizado que se aprovecha del quiebre interno, para seguir sembrando zozobra en el pueblo venezolano.

El 22 de septiembre, el Consejo Nacional Electoral estableció las fechas y las condiciones para recoger el 20% de las firmas –absurdas y casi imposibles— para continuar con los requisitos para el referendo; la Mesa de la Unidad Democrática se declaró en sesión permanente.

Lo que todavía no comprendo

Las preguntas son ¿realmente no se esperaban la noticia?  ¿No tenían planes de la A a la Z,  de qué hacer en caso de emergencia? ¿Todavía no han internalizado contra quiénes jugamos? Las medidas anunciadas el 26 de septiembre de 2016, proponen una movilización el 12 de octubre y a la recolección del 20% de las firmas,  pero siguiendo solo los lineamientos establecidos en la Constitución que es solo el 20% del patrón electoral.

La recolección del 20% de las firmas se quiere hacer a sabiendas que el Consejo Nacional Electoral no va a aceptar que no se cumplan sus condiciones. La MUD aceptó  recolectar las firmas en los días pautados por el órgano electoral, alegando que solo cumplirán con las condiciones establecidas en la Constitución. No obstante, la MUD terminará legitimando el proceso inconstitucional establecido por el CNE.

La manifestación del 12 de octubre se hace para demostrar el apoyo popular al referendo y a los líderes de oposición. Con tanta falta de organización y claridad en los objetivos, cabe preguntarse si la MUD quiere mostrar con fotos que son mayoría y luego mandarnos a “cacerolear”, sin dar luces de futuras acciones.

A pesar de la situación con el referendo revocatorio, la mesa de la unidad democrática muestra una ingenuidad y quiebre interno. Desde el principio, se parte de un objetivo común, sacar al régimen de Nicolás Maduro del poder, pero los intereses personales se han antepuesto al objetivo de los venezolanos, el objetivo que deberían estar representando los líderes de la MUD, no entorpeciéndolo.

¿Lo que algún día entenderemos?

Ser oposición en un régimen como el de Maduro es una responsabilidad con los venezolanos que no apoyan al gobierno actual. Una responsabilidad de funcionar correctamente, ser proactiva ante las situaciones, tener planes de trabajo y una agenda clara de qué se quiere y de cómo se va a lograr. Entender que los egos y el protagonismo pueden poner tu nombre en algún sitio, pero eso no va a lograr que los millones de venezolanos tengan una mejor calidad de vida, que no tengan miedo de salir por sus calles y, tampoco, va a lograr que los miles de venezolanos que estamos afuera con el corazón vuelto nada, volvamos a tener a Venezuela en nuestro radar como un sitio para vivir.

¿Será que algún día aprenderemos a funcionar como oposición? ¿Los opositores dejaremos del lado los egos y las ganas absurdas de protagonismo? ¿O las únicas victorias que tendremos responderán a voto castigo del contrario?


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