25 años de la Constitución Política. ¿Es Colombia una democracia?

Por María Vahos

30 de agosto de 2016
Imagen: Menuda Judiada

Al pensar en democracia, automáticamente se cavila sobre política, sobre el gobierno de turno o sobre el presidente, pero es importante pensar, además, sobre el papel que tienen o deberían tener los ciudadanos: ¿se participa en democracia? Desde la perspectiva de la democracia sustancial, esta trasciende la creencia colectiva e implica un estilo de vida colectiva que asegura la justicia y la igualdad. En Julio de 1991 Colombia proclamó la constitución política que define los fundamentos del Estado y le otorga a los ciudadanos herramientas para participar, decidir e incorporarse en la sociedad. Pero, al analizar la realidad en la que vive el país se evidencia que la democracia ha sido tergiversada. Es decir, Colombia es fundada bajo el principio de la democracia participativa, sin embargo, los ciudadanos no son quienes deciden sobre los cambios que afectan a la sociedad y las razones pueden ser varias: apatía de las personas frente a la participación política; prejuicio y desesperanza sobre un cambio social desde el juicio de que un voto más o menos no hace la diferencia. ¡qué equivocados están!

La participación como medio para llegar a la democracia

La Constitución política colombiana proclama la participación política como principio fundador del Estado y le otorga al pueblo el poder de decidir. El cambio que introdujo la Carta Magna que en 2016 cumple 25 años fue trascendental: se pasó de una democracia representativa a una participativa, lo que quiere decir que los ciudadanos tienen el deber y el derecho de involucrase de manera activa y directa en los asuntos públicos. Como consecuencia, esta forma de democracia presenta su primer desafío, que también es su primer objetivo: generar una sociedad integral en la que cada uno de sus miembros pueda asumir un papel emprendedor y energizante en la cuestión política, en otras palabras, que el individuo— por medio de la educación y de la cultura política garantizada y concedida por el mismo Estado— de forma autónoma e independiente se involucre en el juego de la sociedad y desde su rol de ciudadano proponga, se pronuncie, vigile y verifique que realmente su opinión sea respetada por los representantes.

Sin embargo solo la participación de los ciudadanos no hace al país más democrático. Por ejemplo, participar en la convocatoria del plebiscito por la paz— ya sea votar a favor o en contra— no es solo ejercer el derecho al voto, lo que verdaderamente implica, es que la gente se pronuncie sobre la violencia. Se recuerdan entonces, las palabras de Hanna Arent: “Donde hay violencia la democracia no existe” es decir, para ser un poco más democráticos todos los colombianos deben colaborar y comprometerse en esta etapa final del proceso de paz, para lograr de este modo, una inclusión social y trabajar en conjunto para vencer a la violencia.

Estado de Derecho

La participación es el medio que utiliza este sistema de organización política para llegar al objetivo de la democracia: la igualdad. Este principio obliga a los individuos a disminuir su esfera de propia libertad para el progreso de la sociedad. Según la teoría política de Arent la igualdad y los derechos son objetivos que se construyen en la convivencia y no de manera formal, por tanto, afirma que: “No nacemos iguales, sino que nos convertimos en iguales como miembros de un grupo, por la fuerza de la decisión de garantizarnos mutuamente iguales derechos”. Este valor político es eje central de la democracia, es el acceso a las mismas oportunidades en trabajo, salud, educación.., es la igualdad ante la ley, los derechos civiles y políticos.

Sin embargo, este valor es uno de los impedimentos, junto con la libertad, para llegar a una democracia plena. Por un lado, la igualdad en términos democráticos se refiere a los derechos de todos los ciudadanos, entre ellos, poder participar en el proceso de toma de decisiones colectivas. De otro lado, la libertad presume la toma de decisiones sin las presiones de otros, por tanto debe prevalecer la autonomía, lo que generalmente no sucede. Además, como explica Norberto Bobbio, la democracia necesita un individuo que se apropie de las decisiones de la igualdad y la libertad en la sociedad, pero en términos generales el ciudadano no es capaz de decidir para prever y valorar las consecuencias de sus propias decisiones frente a su destino colectivo y frente a la búsqueda del bien común.

En Colombia, según cifras del DANE, la pobreza asciende a un 28.5%, además, el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ubica a nuestro país en el 14° puesto de desigualdad dentro de 134 países que estudió; por otro lado, según el Centro Nacional de Consultoría, las minorías del país son excluidas del espacio laboral por la falta de educación. Por lo anterior, el valor y objetivo de la democracia – la igualdad – no se cumple, es decir, en Colombia la democracia no existe.

Para que Colombia pueda alcanzar una democracia real el Estado debe promover acciones que garanticen efectivamente la participación ciudadana, pero es responsabilidad del individuo integrarse a la comunidad política a través de la participación, del nivel de conciencia social, de la formación en cultura política, de la empatía y la esperanza sobre la construcción de un futuro más democrático. Sí se piensa en colectivo, la ilusión de que se alcance la democracia puede ser más que solo una ilusión.

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